Parafilias
Parafilias. Así es cómo ha bautizado una de mis amigas las absurdas obsesiones y las preocupaciones siempre excesivas y siempre sin respuesta (eso de "feedback" suena fatal). No está mal la palabreja, pero me gustaba más antes de preguntarme si existía realmente. Existe. El Google (i'm sorry, señores de la RAE) nos dice que tal término se refiere a una extraña desviación de la conducta sexual que puede ser inocua o nociva pero que, en todo caso, está fuera de lo normal.
No importa. Me la quedo. Mis parafilias son mis parafilias y yo decido si son sexuales o emocionales, pasionales o virginales, nocivas o, sí, nocivas.
Desdramatizar es un buen arma para combatir aquéllo que más duele, pero quizá, en este septiembre extraño, en el que Holden nos tropieza, a Maru se le revuelven las tierras y yo tardo tres y cuatro días en saber qué contestar a Ikea, en este septiembre extraño -digo- estoy empezando a entender que el arma más efectiva es abandonar en silencio el patio de butacas. La distancia.
