Magia
Imaginemos: de pronto se nos aparece alguien mágico que dice haber venido para que seamos felices. Sus poderes nos permiten cambiar nuestro entorno, elegir nuestro día a día, convertir sueños en realidad y, en fin, cumplir nuestros deseos. Nos da la opción de ser felices, y tan sólo nos pregunta cómo, cómo queremos serlo...
Construir un mundo a nuestra voluntad no sería nada sencillo, es más, en general no creo que cambiáramos tantas cosas de la cotidianidad que nos rodea actualmente. Sí, tal vez pediríamos más noches de risas, amigos y fiestas, un poco más de cariño -eso nunca viene mal-, y creernos las promesas eternas e incondicionales. No creo que hubiera decisiones muy drásticas. No pediríamos, por ejemplo, que las personas que nos duelen dejaran de existir, ni siquiera que se fueran lejos, tan sólo querríamos que nos devolvieran la mirada y nos "pararan bolas".
Podríamos elegir todo lo que quisiéramos, pero la vida -digamos que es como "el material de la elección"- seguiría siendo la misma y seguiría funcionando de igual manera, aunque nosotros, hechizados, nos diríamos que es hermosa, maravillosa y nos dispondríamos a disfrutarla sin mayor complejo. Si no hay tanta distancia entre nuestra realidad y nuestros sueños, ¿por qué obcecarnos todos los días en cultivar cientos de kilómetros en nuestros nuevos empeños? Quizá sea mejor cerrar la puerta a esos seres imaginarios que nos confunden, nos emborronan y, de tan elevado que caminan, no nos dejan ver nuestros dos metricos de suelo. Quizá sea mejor, como dice Holden, dejar los problemas imaginarios a un lado y probar eso de vivir la propia vida que, según parece, no tiene tan mala pinta...
