miércoles, febrero 04, 2009

La flota permanece amarrada a puerto
y mece a su antojo la flor del romero
un viento de lascivia distraída
en la cruel ceremonia de tu ausencia.
Será mejor morir que perder la vida,
y tendremos que rezar nadando hacia la orilla,
desconociéndonos a cada brazada
y pagando por prenda el amor de nuestros íntimos fantasmas.
Mis naves se mecen junto al romero en flor,
la herida lacerante prende del costado,
y tu antorcha, como un dardo en la diana,
como el dedo en la yaga, inflama de paz enemiga mi alma desvivida.